De Rerum Natura · Museo de Arte Contemporáneo Francisco Narváez, Porlamar, 2009

De la idea a la construcción de la idea

Saverio Cecere

El vínculo entre arte y tecnología, o arte y ciencia, ha sido siempre difícil de interpretar. Durante siglos este vínculo floreció en una historia de fuentes antiguas.

La lenta inserción de innovaciones técnicas, que han influenciado los órdenes del arte geométrico, ha permitido el fácil reconocimiento del objeto artístico en el contexto histórico de su creación; además, una mirada oportuna nos permite interpretar y analizar las fracturas e innovaciones en el arte geométrico contemporáneo. A propósito de la «legitimidad» de los nuevos instrumentos y tecnologías en el ámbito artístico, Inés Silva reaviva el debate con una sorprendente identidad argumental: partir de lo concreto, observar, analizar, construir una hipótesis, experimentar, verificar, saber crear conexiones, tomar posesión de los materiales, de las tecnologías y de la información de que se dispone. Lo que da indicios sobre las fases para la estructuración de la idea, el resultado de la idea ―la construcción de la idea.

Construir la idea (la forma) y analizar su dilatada combinatoria, deja en claro hacia dónde nos puede llevar la investigación plástica, que se antoja hipotética, o necesariamente metodológica, en la búsqueda de nuevas combinaciones y prolijas construcciones, aún más complejas al manifestarse como «expresión intelectual», la cual entendemos como proyección, elaboración y construcción de un esquema esencial, indefectible en las variantes de los reiterados elementos geométricos e inexorablemente modificados al imbuirse en clásicos arquetipos de proporciones espaciales como genuina fórmula, no sólo para la mensuración del espacio, sino también como piedra de toque de la sinergia de estas entidades. De allí que lo geométrico y lo humano versus idea y poesía se animan en su complementariedad.

La obra, su fruición, en caso de ser formulada en condiciones de integración comunicativa, lo que da lugar a intercambios entre los elementos constitutivos de ella y los flujos de información provenientes de su entorno, conlleva a definir ya no la obra en sí por su estructura y reglas internas, sino como plausible experiencia en la cual el registro del principio sensible-contemplativo se hace funcional ante los impulsos del contenido. La obra, en sus analogías y correspondencias científicas, se ubica en el umbral del mundo fenoménico y ultratemporal de la naturaleza.

Frente a sí misma, Inés Silva se muestra ajena ante el planteamiento de una obra basada solamente en sus propiedades, o explicada gracias a la encarnación de sus componentes (espacio, tiempo, materia y energía), ni mucho menos rinde culto a la sumatoria de sus partes.

En su laborío practica la idea como resultado de la idea; es decir, renuncia a pensar que la obra pudiese existir sólo como idea, pues de lo contrario sería una idea incompleta. He ahí la forma como vehículo de la idea. Es ésta una combinación inteligente entre las inflaciones y deflaciones del espacio, del tiempo, la materia y la energía, con la información y sus múltiples conexiones. Como verdad inexorable, se adhiere a la forma como medio para indagar en la realidad de las cosas, sin perder el rumbo de sus fundamentos. ¿Cómo? Se da por descontado que, una vez amoldada la intención de realización de un proyecto, éste se haga visible mediante su ejecución plástica ―aun si impecable, mas luego humana― al someterse en su particularidad a imperceptibles márgenes que rigen la diferencia y la anunciada advección en la multiplicación de la obra. En lo concerniente a la reproducibilidad de la obra, hay un encendido debate entre los que confieren unicidad a la obra de arte como máximo atributo, y por otra parte aquellos dispuestos a aceptar análogas ampliaciones, aludiendo a una mayor difusión de la obra de arte como repertorio visual.

La progenie artística en la obra de Inés Silva se manifiesta según la usanza geométrica: líneas rectas en horizontal, vertical, diagonal, cruzadas o paralelas. Silva se reinventa en el acaecer artístico, juega sobre la variabilidad y la intermitencia de las estructuras geométricas: regularidad, compactibilidad, variaciones y ritmos calados en ostensible espacialidad ―en tiempo de fruición. Verdaderas y absolutas paradojas las de Inés Silva, quien contrasta sus propias premisas, adelantando en demasía, sin temor a contradicciones, el espacio de la racionalidad, de manera metódica, sistemática, precisa; transparentes variaciones espacio-temporales de función continua descansan sobre una red de líneas multidireccionales en concurso con mediciones conceptuales, dando lugar a una definición universal del evento.

Saverio Cecere
Nápoles, 1 de mayo de 2009
Traducción: Diógenes Rivas

← Todos los textos